''La constelación del perro'': Ridley Scott, a sus 88 años, entrega una película hermosa, pausada y melancólica
Ridley Scott ha convertido la prisa en una seña de identidad. Empezó tarde en esto del cine, con Los duelistas (1977), cuando ya había cumplido los 40 años, y desde entonces no ha dejado de rodar para recuperar el tiempo perdido. La cifra resulta asombrosa: solo después de los 70 ha dirigido 16 películas. Con 83 años llegó a estrenar a la vez La casa Gucci y la excelente El último duelo, ambas en 2021. No todo lo que ha hecho recientemente merece ser recordado, pero títulos como Gladiator II, Alien: Covenant o El consejero demuestran que puede permitirse el lujo de experimentar sin miedo al fracaso.
Su nueva obra, La constelación del perro, no pertenece a esa estirpe de trabajos impulsivos. Por primera vez, Scott se coloca ante un texto literario: la novela homónima de Peter Heller, publicada en 2012, que imagina un mundo postapocalíptico arrasado por un virus. Nada que ver con el nervio y la pirotecnia visual de sus últimos años. Aquí el director deja atrás la urgencia y se entrega a una narración sosegada, casi contemplativa, que encuentra la belleza en los pequeños detalles: un cielo despejado, el calor de una taza de café, la mirada fiel de un pastor alemán.
Un arranque memorable
Scott siempre ha sido un hábil constructor de universos, ya sea el de Alien, Blade Runner o American Gangster. También posee un talento especial para resumir en los primeros minutos la esencia de toda la película. En esta ocasión, la secuencia inicial es una auténtica lección de cine: Jacob Elordi sobrevuela en su avioneta un paisaje bellísimo, acompañado de su adorable perro, mientras la cámara recorre montañas y valles. Pronto aterriza en una ciudad destruida, donde un peligro invisible lo obliga a armarse hasta los dientes. En ese prólogo ya están todas las claves del filme.
La imagen del paraíso perdido miltoniano, de una inocencia hermosa que ha quedado atrás, sobrevuela todo el metraje. También el contraste entre la deshumanización urbana y la calidez de las pequeñas comunidades.
Pocas veces habíamos visto a este director recrearse en emociones como la ternura o la nostalgia, hasta el punto de rozar casi lo cursi. Para compensar, introduce algunas escenas de acción protagonizadas por violentas bandas de supervivientes. Esos momentos aportan tensión a un conflicto que, de otro modo, apenas existiría, pero también reproducen patrones muy vistos en el cine de género.
Un reparto impecable
El director cuenta con un gran aliado en el guionista Mark L. Smith, conocido por El renacido, y sobre todo con un elenco sobresaliente. Jacob Elordi demuestra que puede sostener una producción de gran presupuesto sin perder matices. A su lado, Josh Brolin brilla como un rudo exmilitar, mientras Guy Pearce interpreta a un leñador desconfiado de cualquier desconocido. La lista se completa con una magnífica Margaret Qualley, cuyo personaje queda confinado en la cabaña de su padre cuando cancelan los vuelos que debían llevarla de regreso a Nueva York.
- Jacob Elordi: transmite vulnerabilidad y determinación a partes iguales.
- Josh Brolin: encarna la dureza de un superviviente marcado por la guerra.
- Guy Pearce: aporta recelo y humanidad en su papel de leñador solitario.
- Margaret Qualley: representa el anhelo de regresar a casa en mitad del caos.
El espejo de nuestra propia pandemia
Quizá La constelación del perro conecte con el público actual porque, en cierto modo, ya hemos estado ahí. La novela se publicó en 2012 y está ambientada en 2035, pero la pandemia de 2020 nos lanzó a la cara esa supuesta distopía mucho antes de lo previsto. La ciencia ficción tiene esa extraña costumbre de alcanzar al presente antes de tiempo. Blade Runner, por ejemplo, imaginaba un apocalíptico 2019 que ya ha llegado y se ha ido.
La covid despertó en nosotros dos impulsos casi opuestos. Por un lado, la desconfianza hacia quien llevaba la mascarilla mal puesta, entendida como metáfora de sospechas más profundas. Por otro, la necesidad de abrazar a los nuestros, de proteger el hogar y de crear redes de solidaridad que en su mayoría ya hemos olvidado. Ridley Scott prefiere quedarse con la segunda lectura. No esconde su deseo de rodar una película hermosa, cargada de buenos sentimientos, pausada y contemplativa, en la que incluso se permite una jocosa gamberrada que habría agradecido ver más desarrollada.
Contenido original en https://www.fotogramas.es/peliculas-criticas/a73531065/la-constelacion-del-perro-pelicula-ridley-scott-critica-opinion-jacob-elordi/
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